El hombre como ser situado
Pero el hombre no sólo está en el mundo, sino que también está con el mundo. Estar con él, es estar abierto al mundo, captarlo y comprenderlo; es actuar de acuerdo con sus finalidades para transformarlo. El hombre responde a los desafíos que el mundo le va presentando, y con ello lo va cambiando, dotándolo de su propio espíritu. En este sentido no se trata de cualquier hacer, sino de uno que va unido a la reflexión.
Lo propio de lo humano es la situacionalidad, el hombre es un ser situado en un espacio y un tiempo. Por ello hablamos de que todos aquellos productos de nuestra cultura poseen una historia, un contexto. Nuestro pensamiento es situado, no pensamos desde un lugar atemporal y aespacial, pensamos desde un lugar concreto, desde una situación personal y comunitaria- epocal, que le va dando sentido a lo que pensamos. Desde esa situación surgen las preguntas que nos permiten pensar. El conocimiento humano es un conocimiento situado, por ello es histórico, lo transmiten y lo escriben hombres como nosotros que pertenecen a una época, a un lugar, a un contexto. Ese conocimiento no es ajeno a quién lo produce, a la época en la que surge, porque es construido en la relación hombre- mundo, el científico es un hombre en situación por lo tanto el conocimiento surge de su interacción con el mundo. De allí la problemática de mirar al conocimiento como algo estático, como algo que está desde siempre, como algo natural, obvio, neutral, que simplemente hay que descubrirlo. El mundo en el que estamos es un mundo que nos impresiona, nos desafía, originando visiones y puntos de vista en torno a él. Visiones impregnadas de anhelos, de dudas, de esperanzas o desesperanzas. (113)
Freire nos propone tener en cuenta que los educandos, son hombres y mujeres, chicos y chicas en situación, con intereses, dudas, anhelos, esperanzas, problemas, que tienen que ver con su mundo, desde donde obtienen su capital cultural. Su mundo, su entorno es lo que en interacción con ellos les permite ir construyendo sus representaciones sociales sobre distintas cuestiones: a que se juega, como se juega, las profesiones, el trabajo, la mujer, el alcohol, su barrio, la ciudad, el cine, la justicia, la verdad. “Tenemos que estar convencidos de que su visión en el mundo, manifestada en las diversas formas de su acción, refleja su situación en el mundo en el que se constituye”. (117)
Si el hombre es praxis, no puede, por lo tanto, reducirse a mero espectador, o a un objeto. Esto sería ir contra su vocación ontológica: "un ser que opera y operando transforma el mundo en el que vive y con el que vive". El hombre y el mundo están en constante interacción: no pueden ser entendidos fuera de esta relación, ya que el uno implica al otro. "Como un ser inconcluso y consciente de su inconclusión, el hombre es un ser de la búsqueda permanente. No podría existir el hombre sin la búsqueda, como tampoco existiría la búsqueda sin el hombre". Solamente manteniendo esta interacción se puede apreciar la verdad del mundo y del hombre, y a la vez comprender que la búsqueda real sólo se lleva a cabo en comunión, en diálogo y en libertad.
Freire da cuenta de cuestiones que son propiamente humanas en la relación con el mundo diferenciando a los hombres de los animales. Para ello el primer supuesto del cual parte es que los animales a diferencia de los hombres son incapaces de separarse de su actividad y “al no poder separarse de su actividad, sobre la cual no puede ejercer un acto reflexivo, el animal no consigue impregnar la transformación que realiza en el mundo de un significado que vaya más allá de sí mismo” (119). La decisión sobre su actividad no le es propia, sino que pertenece a la especie de la cual es parte, por esto se constituye como un ser cerrado en sí mismo. “Al no tener este punto de decisión en sí; al no poder objetivarse y proponer; al vivir “inmerso” en el “mundo” al que no consigue dar sentido; al no tener un mañana ni un hoy, por vivir en un presente aplastante, el animal es ahistórico. Por esto mismo el animal no puede comprometerse. Su condición de ahistórico no le permite asumir la vida. Y, dado que no la asume no puede construirla. Si no la construye tampoco puede transformar su contorno”. (120) En cambio los hombres “al tener conciencia de su actividad y del mundo en que se encuentran, al actuar en función de finalidades que proponen y se proponen, al tener el punto de decisión de su búsqueda en si y en sus relaciones con el mundo y con los otros, al impregnar el mundo de su presencia creadora a través de la transformación que en él realizan, en la medida en que de él pueden separarse y separándose pueden quedar con él, los hombres contrariamente del animal, no solamente vive sino que existen y su existencia es histórica” (121)
16 marzo 2010
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Excelente análisis y gracias por tu esfuerza.
ResponderEliminarGRACIAS por la información.
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