23 marzo 2010
3er taller

- Puesta en común sobre los dos primeros talleres.
- Charlamos sobre las distintas representaciones que tenemos del mundo, de lo que está bien, de lo que está mal, de cuán distintas pueden ser nuestras lógicas con la lógica de los chicos. No sólo por la condición social sino también por edades. Destacamos lo importante que es reconocer al otro, como OTRO, como un misterio que no puedo comprender totalmente desde mi lógica. Hablamos de la alteridad como valor.
- Leímos el cuento de Beatriz la polución, de Mario Benedetti a propósito de las lógicas de los chicos, de una lógica que guardando su coherencia interna puede ser muy distinta a la nuestra.
- Después cada grupo leyó distintos fragmentos del libro de Freire, Pedagogia del Oprimido. (Los fragmentos que previamente subimos al blog): Diálogo, Praxis, y el hombre como ser situado.
- Cada grupo comentó su lectura y lo que había pensado a partir de ésta. Fue ahí cuando empezó a ponerse calentito el debate, a partir de distintos puntos de vistas, de cuestiones no habladas, de posicionamientos distintos. Algunas de las preguntas registradas están en la imagen. Finalmente el debate no llegó a una conclusión sino que más bien, nos quedamos comprometidos en seguir pensando acerca de esas preguntas.
16 marzo 2010
El hombre como ser situado
El hombre como ser situado
Pero el hombre no sólo está en el mundo, sino que también está con el mundo. Estar con él, es estar abierto al mundo, captarlo y comprenderlo; es actuar de acuerdo con sus finalidades para transformarlo. El hombre responde a los desafíos que el mundo le va presentando, y con ello lo va cambiando, dotándolo de su propio espíritu. En este sentido no se trata de cualquier hacer, sino de uno que va unido a la reflexión.
Lo propio de lo humano es la situacionalidad, el hombre es un ser situado en un espacio y un tiempo. Por ello hablamos de que todos aquellos productos de nuestra cultura poseen una historia, un contexto. Nuestro pensamiento es situado, no pensamos desde un lugar atemporal y aespacial, pensamos desde un lugar concreto, desde una situación personal y comunitaria- epocal, que le va dando sentido a lo que pensamos. Desde esa situación surgen las preguntas que nos permiten pensar. El conocimiento humano es un conocimiento situado, por ello es histórico, lo transmiten y lo escriben hombres como nosotros que pertenecen a una época, a un lugar, a un contexto. Ese conocimiento no es ajeno a quién lo produce, a la época en la que surge, porque es construido en la relación hombre- mundo, el científico es un hombre en situación por lo tanto el conocimiento surge de su interacción con el mundo. De allí la problemática de mirar al conocimiento como algo estático, como algo que está desde siempre, como algo natural, obvio, neutral, que simplemente hay que descubrirlo. El mundo en el que estamos es un mundo que nos impresiona, nos desafía, originando visiones y puntos de vista en torno a él. Visiones impregnadas de anhelos, de dudas, de esperanzas o desesperanzas. (113)
Freire nos propone tener en cuenta que los educandos, son hombres y mujeres, chicos y chicas en situación, con intereses, dudas, anhelos, esperanzas, problemas, que tienen que ver con su mundo, desde donde obtienen su capital cultural. Su mundo, su entorno es lo que en interacción con ellos les permite ir construyendo sus representaciones sociales sobre distintas cuestiones: a que se juega, como se juega, las profesiones, el trabajo, la mujer, el alcohol, su barrio, la ciudad, el cine, la justicia, la verdad. “Tenemos que estar convencidos de que su visión en el mundo, manifestada en las diversas formas de su acción, refleja su situación en el mundo en el que se constituye”. (117)
Si el hombre es praxis, no puede, por lo tanto, reducirse a mero espectador, o a un objeto. Esto sería ir contra su vocación ontológica: "un ser que opera y operando transforma el mundo en el que vive y con el que vive". El hombre y el mundo están en constante interacción: no pueden ser entendidos fuera de esta relación, ya que el uno implica al otro. "Como un ser inconcluso y consciente de su inconclusión, el hombre es un ser de la búsqueda permanente. No podría existir el hombre sin la búsqueda, como tampoco existiría la búsqueda sin el hombre". Solamente manteniendo esta interacción se puede apreciar la verdad del mundo y del hombre, y a la vez comprender que la búsqueda real sólo se lleva a cabo en comunión, en diálogo y en libertad.
Freire da cuenta de cuestiones que son propiamente humanas en la relación con el mundo diferenciando a los hombres de los animales. Para ello el primer supuesto del cual parte es que los animales a diferencia de los hombres son incapaces de separarse de su actividad y “al no poder separarse de su actividad, sobre la cual no puede ejercer un acto reflexivo, el animal no consigue impregnar la transformación que realiza en el mundo de un significado que vaya más allá de sí mismo” (119). La decisión sobre su actividad no le es propia, sino que pertenece a la especie de la cual es parte, por esto se constituye como un ser cerrado en sí mismo. “Al no tener este punto de decisión en sí; al no poder objetivarse y proponer; al vivir “inmerso” en el “mundo” al que no consigue dar sentido; al no tener un mañana ni un hoy, por vivir en un presente aplastante, el animal es ahistórico. Por esto mismo el animal no puede comprometerse. Su condición de ahistórico no le permite asumir la vida. Y, dado que no la asume no puede construirla. Si no la construye tampoco puede transformar su contorno”. (120) En cambio los hombres “al tener conciencia de su actividad y del mundo en que se encuentran, al actuar en función de finalidades que proponen y se proponen, al tener el punto de decisión de su búsqueda en si y en sus relaciones con el mundo y con los otros, al impregnar el mundo de su presencia creadora a través de la transformación que en él realizan, en la medida en que de él pueden separarse y separándose pueden quedar con él, los hombres contrariamente del animal, no solamente vive sino que existen y su existencia es histórica” (121)
Pero el hombre no sólo está en el mundo, sino que también está con el mundo. Estar con él, es estar abierto al mundo, captarlo y comprenderlo; es actuar de acuerdo con sus finalidades para transformarlo. El hombre responde a los desafíos que el mundo le va presentando, y con ello lo va cambiando, dotándolo de su propio espíritu. En este sentido no se trata de cualquier hacer, sino de uno que va unido a la reflexión.
Lo propio de lo humano es la situacionalidad, el hombre es un ser situado en un espacio y un tiempo. Por ello hablamos de que todos aquellos productos de nuestra cultura poseen una historia, un contexto. Nuestro pensamiento es situado, no pensamos desde un lugar atemporal y aespacial, pensamos desde un lugar concreto, desde una situación personal y comunitaria- epocal, que le va dando sentido a lo que pensamos. Desde esa situación surgen las preguntas que nos permiten pensar. El conocimiento humano es un conocimiento situado, por ello es histórico, lo transmiten y lo escriben hombres como nosotros que pertenecen a una época, a un lugar, a un contexto. Ese conocimiento no es ajeno a quién lo produce, a la época en la que surge, porque es construido en la relación hombre- mundo, el científico es un hombre en situación por lo tanto el conocimiento surge de su interacción con el mundo. De allí la problemática de mirar al conocimiento como algo estático, como algo que está desde siempre, como algo natural, obvio, neutral, que simplemente hay que descubrirlo. El mundo en el que estamos es un mundo que nos impresiona, nos desafía, originando visiones y puntos de vista en torno a él. Visiones impregnadas de anhelos, de dudas, de esperanzas o desesperanzas. (113)
Freire nos propone tener en cuenta que los educandos, son hombres y mujeres, chicos y chicas en situación, con intereses, dudas, anhelos, esperanzas, problemas, que tienen que ver con su mundo, desde donde obtienen su capital cultural. Su mundo, su entorno es lo que en interacción con ellos les permite ir construyendo sus representaciones sociales sobre distintas cuestiones: a que se juega, como se juega, las profesiones, el trabajo, la mujer, el alcohol, su barrio, la ciudad, el cine, la justicia, la verdad. “Tenemos que estar convencidos de que su visión en el mundo, manifestada en las diversas formas de su acción, refleja su situación en el mundo en el que se constituye”. (117)
Si el hombre es praxis, no puede, por lo tanto, reducirse a mero espectador, o a un objeto. Esto sería ir contra su vocación ontológica: "un ser que opera y operando transforma el mundo en el que vive y con el que vive". El hombre y el mundo están en constante interacción: no pueden ser entendidos fuera de esta relación, ya que el uno implica al otro. "Como un ser inconcluso y consciente de su inconclusión, el hombre es un ser de la búsqueda permanente. No podría existir el hombre sin la búsqueda, como tampoco existiría la búsqueda sin el hombre". Solamente manteniendo esta interacción se puede apreciar la verdad del mundo y del hombre, y a la vez comprender que la búsqueda real sólo se lleva a cabo en comunión, en diálogo y en libertad.
Freire da cuenta de cuestiones que son propiamente humanas en la relación con el mundo diferenciando a los hombres de los animales. Para ello el primer supuesto del cual parte es que los animales a diferencia de los hombres son incapaces de separarse de su actividad y “al no poder separarse de su actividad, sobre la cual no puede ejercer un acto reflexivo, el animal no consigue impregnar la transformación que realiza en el mundo de un significado que vaya más allá de sí mismo” (119). La decisión sobre su actividad no le es propia, sino que pertenece a la especie de la cual es parte, por esto se constituye como un ser cerrado en sí mismo. “Al no tener este punto de decisión en sí; al no poder objetivarse y proponer; al vivir “inmerso” en el “mundo” al que no consigue dar sentido; al no tener un mañana ni un hoy, por vivir en un presente aplastante, el animal es ahistórico. Por esto mismo el animal no puede comprometerse. Su condición de ahistórico no le permite asumir la vida. Y, dado que no la asume no puede construirla. Si no la construye tampoco puede transformar su contorno”. (120) En cambio los hombres “al tener conciencia de su actividad y del mundo en que se encuentran, al actuar en función de finalidades que proponen y se proponen, al tener el punto de decisión de su búsqueda en si y en sus relaciones con el mundo y con los otros, al impregnar el mundo de su presencia creadora a través de la transformación que en él realizan, en la medida en que de él pueden separarse y separándose pueden quedar con él, los hombres contrariamente del animal, no solamente vive sino que existen y su existencia es histórica” (121)
Diálogo. Paulo Freire
Diálogo. (Con Fragmentos de Paulo Freire (Pedagogía del Oprimido)
En este capítulo Freire escribe de los requisitos necesarios para tener un diálogo verdadero, y, antes de todo, señala la importancia del amor: “No hay diálogo si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres” nos dice, añadiendo que la revolución misma es un acto de amor: Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios reconozcan en la revolución un acto de amor, en tanto es un acto creador y humanizador. Para nosotros, la revolución que no se hace sin una teoría de la revolución y por lo tanto sin conciencia, no tiene en ésta algo irreconciliable con el amor. Por el contrario, la revolución que es hecha por los hombres es hecha en nombre de su humanización. (102)
Tampoco hay diálogo sin la humildad: “la pronunciación del mundo, con el cual los hombres lo recrean permanentemente, no puede ser un acto arrogante”, “el diálogo, como encuentro de los hombres para la tarea común de saber y actuar, se rompe si sus polos (o uno de ellos) pierde la humildad” (103).
Esto implica una fe en el pueblo: “fe en su poder de hacer y rehacer. De crear y recrear. Fe en su vocación de ser más” (104). Pasando de la fe, Freire muestra la importancia de la confianza y la esperanza. De lo primero, él sugiere que “la confianza va haciendo que los sujetos dialógicos se vayan sintiendo cada vez más compañeros en su pronunciación del mundo” (105). Lo segundo “está en la raíz de la inconclusión de los hombres, a partir de la cual se mueven éstos en permanente búsqueda. Búsqueda que como ya señalamos, no puede darse en forma aislada, sino en una comunión con los demás hombres” (105).
El último criterio para el diálogo es un pensar verdadero. “Este es un pensar que percibe la realidad como un proceso, que la capta en constante devenir y no como algo estático” (106). “Nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del mundo, o intentar imponerla a él, sino dialogar con él sobre su visión y la nuestra” (111).
“¿Cómo puedo dialogar, si alieno la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí?
¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros “yo”?
¿Cómo puedo dialogar, si me siento participante de un “ghetto” de hombres puros, dueños de la verdad y del saber, para quienes todos los que están fuera son “esa gente” o son “nativos inferiores”?
¿Cómo puedo dialogar, si parto de que la pronunciación del mundo es tarea de hombres selectos y que la presencia de las masas en la historia es síntoma de su deterioro, el cual debo evitar?
¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido con ella?”(109)
En este capítulo Freire escribe de los requisitos necesarios para tener un diálogo verdadero, y, antes de todo, señala la importancia del amor: “No hay diálogo si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres” nos dice, añadiendo que la revolución misma es un acto de amor: Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios reconozcan en la revolución un acto de amor, en tanto es un acto creador y humanizador. Para nosotros, la revolución que no se hace sin una teoría de la revolución y por lo tanto sin conciencia, no tiene en ésta algo irreconciliable con el amor. Por el contrario, la revolución que es hecha por los hombres es hecha en nombre de su humanización. (102)
Tampoco hay diálogo sin la humildad: “la pronunciación del mundo, con el cual los hombres lo recrean permanentemente, no puede ser un acto arrogante”, “el diálogo, como encuentro de los hombres para la tarea común de saber y actuar, se rompe si sus polos (o uno de ellos) pierde la humildad” (103).
Esto implica una fe en el pueblo: “fe en su poder de hacer y rehacer. De crear y recrear. Fe en su vocación de ser más” (104). Pasando de la fe, Freire muestra la importancia de la confianza y la esperanza. De lo primero, él sugiere que “la confianza va haciendo que los sujetos dialógicos se vayan sintiendo cada vez más compañeros en su pronunciación del mundo” (105). Lo segundo “está en la raíz de la inconclusión de los hombres, a partir de la cual se mueven éstos en permanente búsqueda. Búsqueda que como ya señalamos, no puede darse en forma aislada, sino en una comunión con los demás hombres” (105).
El último criterio para el diálogo es un pensar verdadero. “Este es un pensar que percibe la realidad como un proceso, que la capta en constante devenir y no como algo estático” (106). “Nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del mundo, o intentar imponerla a él, sino dialogar con él sobre su visión y la nuestra” (111).
“¿Cómo puedo dialogar, si alieno la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí?
¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros “yo”?
¿Cómo puedo dialogar, si me siento participante de un “ghetto” de hombres puros, dueños de la verdad y del saber, para quienes todos los que están fuera son “esa gente” o son “nativos inferiores”?
¿Cómo puedo dialogar, si parto de que la pronunciación del mundo es tarea de hombres selectos y que la presencia de las masas en la historia es síntoma de su deterioro, el cual debo evitar?
¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido con ella?”(109)
Praxis

La Palabra: Praxis
La palabra, nos dice Freire, está dada por la unión inquebrantable entre acción y reflexión, es decir, que la palabra misma es praxis: no existe palabra verdadera sin acción y sin reflexión. Por ello es que dice que la palabra verdadera transforma al mundo. Si privamos a la palabra de la acción, ésta se convierte en palabrerio, en mero verbalismo, en lo que nosotros comúnmente llamamos “chamuyo”. Si la privamos de reflexión, siendo esta solamente formada por la acción se convierte en activismo. Éste es acción por acción, que al negar la reflexión también niega la praxis (Pág. 106)
La palabra tiene que ver con la acción permanente que yo como sujeto realizo en mi cotidianeidad, con mis opciones permanentes, con los problemas que enfrento en mi mundo. La reflexión es un ejercicio propio del hombre, que como ser pensante puede tomar distancia de su cotidianeidad, puede frenar la acción y pensar acerca de ella, reflexionar volverse sobre ella para mirarla, para pensarla. Este acto de reflexión es lo que me permite una nueva manera de ver mi propia acción. Cuando mi palabra es expresión de mi acción y mi reflexión entonces es verdadera.
Decir la palabra referida al mundo implica un encuentro. El diálogo es este encuentro de los hombres mediatizados por el mundo. La palabra verdadera es trabajo, es praxis, es transformar el mundo, decirla no es privilegio de algunos hombres, sino derecho de todos los hombres. Decir la palabra, referida al mundo que se ha de transformar, implica un encuentro de los hombres para esta transformación (Pág. 107).
El dialogo es una exigencia existencial. Y siendo el encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos encauzados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro, ni convertirse tampoco en un simple cambio de ideas consumadas por sus permutantes.
15 marzo 2010
Taller 2: registro
Interacción entre lo que trabajamos en el taller anterior y el vídeo de Freire. Llenar de sentido esas bases que sacamos en el primer taller. Poder darle profundidad a las palabras que nombramos, que nos permitan ampliar su significado, que nos sirven para ser más conscientes de lo que queremos, que sean una guía para trabajar.
Palabras claves en el vídeo y en la puesta en común del primer taller:
- Transformación del mundo. Transformar la realidad
- Sentimiento y pasión. No somos pura cabeza, al sentimiento y a la pasión también la ponemos en juego.
- solidaridad, dar y recibir (el educador necesita del educando y el educando necesita del educador)- creamos con ellos (no somos los salvadores que vamos a sacarlos de esa realidad, a la realidad la cambiamos con ellos, creamos con ellos)
- Amor, sentido de trascendencia.
(Volver a ver el vídeo y a leer el acta del primer taller)
Trabajo en grupo de tres/ cuatro sobre:
- Qué significa la solidaridad para nosotros? (vinculando con lo leído en Freire). Qué implica ser solidario en Trotamundos?
- Qué significa el compromiso para nosotros? (vinculándolo con lo leído en Freire). Qué implica ser comprometido en Trotamundos?
Plenario de los grupos:
Solidaridad. Relación entre dos personas en la cual uno cede y el otro acepta, es un adjetivo una relación simétrica que la persona sabe que da y recibe, dar y recibir implica un sacrificio, ese sacrificio sería el compromiso. El bienestar de ambas personas dar y recibir. En el cual una de las partes acepta a la otro y viceversa. La Solidaridad no es que uno da y el otro recibe, es un aprendizaje de las dos partes. Solidaridad relacionada directamente con el compromiso. Lo entendimos como una relación. Persona que se relaciona de igual a igual que sabe dar y recibir. La solidaridad se da con la gente de diferentes recursos económicos. Es importante que dentro de trotamundos haya solidaridad. En torno al compromiso es una decisión que uno toma, el esfuerzo, el sacrificio, las ganas. Acción y reflexión. Reflexión sobre la práctica. Practica: lo concreto, la reflexión: que sería la idea. No es ni un activismo, ni un exceso de abstracción. Tampoco sería bueno dejar que todo quede en ideas, y no hacer. La solidaridad como la relación entre dos sujetos.
Solidaridad es pensar en el otro. Más allá del aporte que uno pueda dar, va más allá de lo material o de lo abstracto, es como una dedicación, dedicar tu tiempo, tu pensamiento, tu actividad. No es sólo dar en lo material. Hacer y pensar en el otro.
¿Pero uno da para recibir?
Empatía-solidaridad-compromiso- acción y reflexión- tomar conciencia (involucrarte).
Otro tema: que trotamundos trascienda lo personal, la identidad. Caso del mail por lo de chile (por qué ayudar a chile si se están muriendo en el norte) Empezar a asumir la identidad de grupo en situaciones como estas, es decir, ponernos de acuerdo en lo que pensamos acerca de estas problemáticas. Cuando se trata de ayudar a otros no hay fronteras, no hay barreras. Todo no podemos abarcar, vamos a ir abarcando situaciones puntuales.
Primer Taller. Qué es Trotamundos?

¿Qué es Trotamundos?
Actividad realizada en base al dibujo:
• Compromiso
• Mensajes de esperanza
• Solidaridad
• Contención
• Identidad
• Amor
• Dejar huellas
• Pisar fuerte
• Estabilidad
• Ampliar horizontes
• Darles herramientas para crecer
• Dar y recibir
• Estar atentos a las necesidades
• Trabajo
• Voluntad
• Alegría
• Trascendencia
• Transformación
• Visión a futuro
A FUTURO: Consolidar la identidad del grupo y las ideas que nos representan. Transmitir esas ideas al mundo, y mostrar otra realidad posible desde nuestro aporte diario.
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